Erase una vez, en el mundo de las aguas, donde las lagunas ocupaban todo, los castillos se amontonaban en los reinos, flotando en un suelo inexistente, donde la tierra apenas existía, y el mundo se había convertido en una gran pecera, convivian los mejores reinos del mundo.
Argas era un reino, rico en habitantes de clase alta, todos eran mercaderes, mentirosos, y engatusadores los mejores vendedores de baratijas de el mundo medieval vivían en Argas, la tierra de los mercaderes.
Su castillo estaba construido encima de una plataforma de madera maciza, que aguantaba ferozmente el peso de las torres esplendidas, que brillaban con sus grises ante el sol majestuosamente.
Los Arganos, eran muy pillos si alguna cosa tenia trampa ellos la sabían a la perfección, jamas se les escapaba nada eran tan sumamente despiertos que si a su ciudad se acercaba el mismo diablo serian capaces de engañarlo sin que él se percatara.
No eran demasiado altos, solían vestir con ropas de seda salvaje la cual compraban en los mercados de los reinos lejanos, sus capas estaban bordadas con oro finas y elegantes de terciopelos caían por sus espaldas hasta sus pies.
En Argas reinaba un rey tirano que como sabia de la riqueza de su pueblo les pedía unos impuestos exagerados, cada diez días tenían que dar el sesenta por cien de sus ventas en los mercados, y sino conseguían vender lo que tocaba deberían pagarle en especias, haciendo así inmensamente rico a costa del trabajo de los comerciantes que se tenían que conformar si no querían morir en las tumbas subterráneas.
Al otro lado de los dos lagos entre el musgo de la poca tierra que existía, se podía ver por entre las aguas un castillo un poquito menos grande, las torres eran blancas y se habían tornado grises por el paso de los años.
El reino, pequeño y humilde que existía allí se llamaba Davaros.
Davaros era un reino, de agricultores, todos vivían de lo que plantaban en los lagos, musgos, algas de agua dulce y algunos arboles que brotaban llenos de frutos caros y preciados.
Los davarenses eran humildes, personas de gran corazón que siempre compartian y se dedicaban a vivir con lo poquito que les daba la naturaleza tan escasa en aquellos lugares.
Su ciudad se erigía timidamente en un lago apartado de los otros reinos, las plataformas de madera amenazaban con undirse, luchando por no derrumbarse en el vaivén de las brisas, las fachadas de las casas estaban echas de piedras perfecta mente colocadas, apilandose unas encima de otras y aferrandose a su condicion de casas.
El rey de Davaros era un gran hombre pescador por afición, y humilde de condición, siempre pensaba en los suyos repartía todo por igual justamente, y pedía solamente los impuestos justos que aveces si no los necesitaba no los cobraba.
Sr Larnes, había nacido pobre, como sus súbditos y había aprendido que la humildad era una virtud muy grande para un soberano.
Muy lejos de allí, donde las únicas colinas que existían dibujaban atardeceres ficticios robandole al sol sus últimos rayos tardíos, existía un reino oscuro, maldito.
Niagos, era el lugar de las alimañas, allí se reunían, magos oscuros, ladrones y asesinos que encontraban su amparo detrás de las montañas.
Los niagenenses vivían en tierra, su castillo no era otra cosa que una cueva decorada ostentosamente con todas la baratijas que habían podido robar a los reinos contiguos.
Amaestraban dragones, para destruir reinos, y poder saquearlos, allá donde iban los niagenses, la sangre se derramaba por cada esquina.
Temidos odiados, y combatidos, jamas habían sido vencidos.
Su rey, era un mago oscuro llamado Randes, invocaba a la oscuridad y solía comer junto a los demonios mas antiguos de los mundos.
Randes el Terrible, portaba un bastón enorme pulido con las mejores piedras de las montañas, arriba una piedra de cristal deslumbraba con su reflejo al sol.
Los reinos les temían, todos los días trataban de encontrar la manera de protejerse de los dragones y de la magia maléfica de Randes.
A las afueras de Niagos detrás de todos los reinos habidos y por haber, al final de los últimos lagos, donde se compartia el agua con la tierra, existía un reino único y encantador por su belleza majestuosa Sulanios, era un reino impresionante.
Su castillo se tallaba en las mejores piedras, edificado en la tierra rodeado por los lagos y decorado con cristales pulidos y brillantes.
Los sulanitas eran magos, y brujos de clases altas, que convivian junto con animales fantásticos, nacidos para andar por la tierra y vivir en el agua, las laderas verdes de musgos se enredaban por entre los lagos brillantes y cristalinos, los caminos se enmarcaban por los juncos, y las aves submarinas se colaban entre los arboles marinos.
Sulanios era un reino protegido por el escudo que sus magos habían construido, ningún dragon de Randes podía hacer daño a Sulanios, por eso Randes el terrible, les odiaba mas, su objetivo hasta el ultimo día que le quedara el aire era destruir el reino bello de Sulanios hasta no dejar ni una rama con vida.
El rey de los sulanitas era Arandes un mago muy poderoso que se dedicaba a velar por la protección de su pueblo, Arandes era consciente de que El Terrible deseaba destruirlos, y su misión era impedirlo como fuera.
Escribo conjuros nuevos, reforzó su escudo de protección reunió a todos los magos una vez cada dos lunas llenas para conjurar contra el reino de Niagos, solo para lograr extingirlos y que no pudieran romper la armonía de los demás reinos.

Pero, no nos dejes asi....... ¿como se mezclaron esos pueblos tan variopintos? ¿ que mas ocurrió?
ResponderEliminarQueremos la segunda entrega ya..........
Me encanta
Yo tambien kiero la segunda entrega, jejeje
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